viernes, 27 de marzo de 2015

HABITACIÓN 102...... ¿O ERA LA 202?

Hoy hemos recibido la llegada de un grupo de jubilados. Realizamos el check-in sin problemas. Horas más tarde, se nos presenta un problemilla de indiscreción que tendremos que solucionar. 
Los señores Ramos, tras deshacer sus maletas, decidieron dar una vuelta por nuestras instalaciones y jardines. Al volver a su habitación, intentan abrir la puerta de su habitación pero ésta no abre. Deciden, entonces, comentárselo a la camarera de piso que estaba haciendo su turno. Ésta los ve tan apurados que decide abrir la habitación con su llave maestra y ¡¡sorpresa!!…. Se encuentran a una pareja joven en actitud muy cariñosa. Los señores se equivocaron y su habitación era la 202 y no la 102. La pareja joven llega a recepción con sus maletas y pidiendo la hoja de reclamaciones.


¿Qué hacemos? ¿qué les decimos?




Ante todo, nos disculpamos con la parejita por la indiscreción sufrida. Sabemos que tienen razón en ofenderse y que el error ha sido únicamente nuestro. Le ofrecemos ampliar su estancia durante un día más y obsequiarles con una cena íntima en nuestro restaurante para compensarlos por las molestias que les hayamos podido ocasionar.
A los Señores Ramos les explicamos que en recepción estamos para solucionar cualquier incidencia que suceda durante su estancia, incluido una llave que no abre, y que la próxima vez que tengan problemas acudan a nosotros.
Y a nuestra camarera de piso…. A ella tendremos que recordarle las normas de discreción que prevalecen en nuestro establecimiento: ha cometido una gran error al “confiar” en la palabra de los clientes y abrir una habitación sin asegurarse que estaba vacía. Se le explicará detenidamente el procedimiento de limpieza en ausencia de los clientes y también cómo debe actuar ante determinadas peticiones.

¿Cómo lo harías tú?

domingo, 8 de marzo de 2015

¡NO PUEDO RESPIRAR!





Hoy llega a nuestro hotel la Sra. Sánchez. La recibimos como se merece, le realizamos el check-in y le indicamos dónde se encuentra el ascensor que la llevará a su habitación. Pero 5 minutos más tarde, la señora  vuelve con la cara roja, los ojos llorosos, tosiendo y además  enfadada: dice que cuando realizó  su reserva, hace un mes, nos explicó que era alérgica a los ácaros y a ciertos productos químicos y que desde nuestro hotel se le contestó que no habría ningún problema, que lo tendríamos en cuenta. Pero resulta, que su habitación huele a lejía y a ambientador. Consulto su reserva y, efectivamente, en el apartado de observaciones se detalla su petición.

 ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacemos?

Solución: Intento tranquilizarla  y le pregunto si necesita atención médica. Le ofrezco la posibilidad de relajarse tomando un aperitivo en nuestro bar o visitando un importante museo de nuestra ciudad (a cargo del hotel) mientras yo hablo con el departamento de pisos y se ponen manos a la obra para limpiar con productos no tóxicos ni químicos su nueva habitación. Lo primero es solucionar el problema; después revisaremos la documentación para ver en qué hemos fallado, pedir las explicaciones oportunas a los departamentos implicados y modificar nuestro protocolo de trabajo para que no vuelva a pasar.

¿Qué otra solución propondríais vosotros?