Hoy hemos recibido la llegada de un grupo de jubilados.
Realizamos el check-in sin problemas. Horas más tarde, se nos presenta un
problemilla de indiscreción que tendremos que solucionar.
Los señores Ramos,
tras deshacer sus maletas, decidieron dar una vuelta por nuestras instalaciones
y jardines. Al volver a su habitación, intentan abrir la puerta de su
habitación pero ésta no abre. Deciden, entonces, comentárselo a la camarera de
piso que estaba haciendo su turno. Ésta los ve tan apurados que decide abrir la
habitación con su llave maestra y ¡¡sorpresa!!…. Se encuentran a una pareja joven
en actitud muy cariñosa. Los señores se equivocaron y su habitación era la 202
y no la 102. La pareja joven llega a recepción con sus maletas y pidiendo la hoja de
reclamaciones.
¿Qué hacemos? ¿qué les decimos?
Ante todo, nos disculpamos con la parejita por la
indiscreción sufrida. Sabemos que tienen razón en ofenderse y que el error ha
sido únicamente nuestro. Le ofrecemos ampliar su estancia durante un día más y
obsequiarles con una cena íntima en nuestro restaurante para compensarlos por
las molestias que les hayamos podido ocasionar.
A los Señores Ramos les explicamos que en recepción estamos
para solucionar cualquier incidencia que suceda durante su estancia, incluido
una llave que no abre, y que la próxima vez que tengan problemas acudan a
nosotros.
Y a nuestra camarera de piso…. A ella tendremos que
recordarle las normas de discreción que prevalecen en nuestro establecimiento:
ha cometido una gran error al “confiar” en la palabra de los clientes y abrir
una habitación sin asegurarse que estaba vacía. Se le explicará detenidamente
el procedimiento de limpieza en ausencia de los clientes y también cómo debe
actuar ante determinadas peticiones.
¿Cómo lo harías tú?
